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1. Proactividad. La primera habilidad para ser una persona segura de ti misma

La palabra proactividad no quiere decir solo tomar la iniciativa. Significa tomar la responsabilidad de nuestra propia vida y de nosotros mismos y ser conscientes de que nuestros comportamientos son el resultado de nuestras decisiones, no de nuestras circunstancias vitales.

Existen 7 habilidades fundamentales que debes desarrollar para alcanzar el equilibrio y el bienestar personal, para ser una persona libre de inseguridades y miedos y con una autoestima elevada.

Esta es la primera de las tres habilidades, junto a la habilidad de comenzar las cosas sabiendo para qué las hacemos y la habilidad de dar prioridad a lo realmente importante, que suponen nuestras conquistas personales, son la esencia del desarrollo de nuestra voluntad y no de la de otros.

El psiquiatra Victor Frankl fue prisionero de los nazis en campos de concentración, entre ellos en Auschwitz, él sobrevivió al Holocausto pero perdió a toda su familia, incluida su mujer, a excepción de su hermana. Pasó todo tipo de humillaciones y noches sin saber si al día siguiente viviría o sería exterminado como tantos otros en una cámara de gas.

Un día, desnudo y solo en una habitación, empezó a tomar conciencia de lo que llamó “la libertad última”, esa libertad que nadie, ni siquiera las personas que le humillaban y le maltrataban en todos los planos, podían quitarle.  En el campo de concentración lograban controlar todo el entorno de Victor Frankl, hacer lo que quisieran con su parte física, pero él se dio cuenta que era capaz de ver, desde una posición de observador, su propia participación en los hechos. Su identidad básica estaba intacta. En su interior él podía decidir de qué modo podía afectarle todo aquello. Frankl trazó un mapa preciso de sí mismo, a partir del cual empezó a desarrollar la primera habilidad fundamental de las personas que, en cualquier medio, son altamente seguras: la habilidad de la proactividad.

Nelson Mandela (28 años preso)  dijo: “No hay nada como volver a un lugar que parece no haber cambiado para descubrir en qué cosas has cambiado tú mismo”.

Para llevar las riendas sobre las cosas que nos ocurren debemos tomar la responsabilidad de nuestra propia vida y de nosotros mismos y ser conscientes de que nuestros comportamientos son el resultado de nuestras decisiones, no de nuestras circunstancias vitales. Para lograrlo podemos colocar nuestros valores y principios más esenciales por encima de los sentimientos. Tenemos la capacidad de hacer que las cosas sucedan de forma que nos hagan sentirnos en paz.

¿Y cómo colocar nuestros valores y principios más esenciales por encima de los sentimientos?

Si hablamos de valores morales es toda aquella actitud, conducta, costumbre, enseñanza-aprendizaje... que se aprecia y se tiene en alta consideración: se le da valor. Ejemplos de valores son la honestidad, el respeto, la responsabilidad, la gratitud, la prudencia, la sinceridad, la compasión, el desprendimiento de las cosas materiales, la lealtad o la humildad.

Cada persona tiene sus propios valores y es afín a otras con los que los comparte. Ahora imagina que tuvieses la posibilidad de crear un nuevo país, un pequeño país al que van a llegar nuevos habitantes y es importante saber cuáles son los valores que imperan en esta nueva sociedad, Más allá de una serie de valores universales existen unos propios de cada sociedad ¿Qué 7 valores definirían tu país?. Imagina que eliges: humildad, honestidad, disfrutar de la vida, ecológico, cooperativismo, tranquilidad y lógica. Serían los tuyos.

Estos valores son los que tienes que aplicar sobre ti mismo y cuestionarte si los estás llevando a cabo por encima de tus sentimientos.

Un ejemplo: Cuando me siento fatal y haría lo que fuese por retomar el contacto o continuar una relación con esa persona tan tóxica para mi, podría preguntarme, ¿Estoy siendo honesto conmigo mismo?, ¿puedo estar tranquilo con esa persona?, ¿disfruto?, ¿realmente esta persona me permite tener activos mis valores?

¿Y si supiese que en breve me voy a encontrar con una persona con la que se ha acabado la relación y yo aun no me he desenganchado emocionalmente?

¿Cómo tengo que ser yo en estos momentos para no otorgar poder a esa persona, dominar mis sentimientos y sentirme mejor?, en casos como estos y con esos valores ejemplo la respuesta podría ser que debo de ser honesto conmigo mismo, tranquilo y lógico.

Y el siguiente paso en este ejemplo es ¿Cómo piensa una persona honesta, y una tranquila, y una lógica? ¿y cómo actúa una persona honesta, una tranquila y una lógica?, hacer este ejercicio con cada una de las tres opciones elegidas me perimitiría ser proactivo y no reactivo, ser yo en vez de convertirme en una reacción ante un estímulo.

¿Qué personas o entornos en tu vida te impiden ser tu mismo?

Los seres humanos por naturaleza somos proactivos, actuamos por nosotros mismos.

Si vives en función de condicionantes externos (entornos o personas) se debe a que, por una decisión consciente o por omisión de tu responsabilidad contigo mismo, has elegido otorgar a esos entornos o personas el poder de controlarte. Si es así, tu forma de funcionar se ha convertido en reactiva.

Las personas reactivas se ven a menudo afectadas por su entorno o por otras personas. Si el tiempo es bueno, se sienten bien. Si no lo es, afecta a sus actitudes y a su comportamiento. Las personas proactivas en cambio llevan consigo su propio clima.

Las personas de estilo de apego ansioso o ambivalente y las de estilo apego evasivo o evitativo acostumbran a comportarse de forma reactiva. A remolque de entornos o personas. Las personas reactivas construyen sus vidas emocionales en torno a la conducta de los otros, permitiendo que los defectos de las otras personas las controlen.

Eleanor Roosevelt dijo:
Nadie puede herirte sin tu consentimiento”.
 
Y Gandhi:
Ellos no pueden quitarnos nuestro respeto por nosotros mismos si nosotros no se lo damos”.

Lo que nos daña, mucho más que lo que nos ocurre, es nuestro permiso, nuestro consentimiento, a que nos suceda lo que nos sucede.

Esto es muy difícil de aceptar emocionalmente, en especial si durante años y años hemos explicado nuestra desdicha apelando a las circunstancias o a la conducta de algún otro. Pero hasta que una persona no pueda decir, profunda y honestamente: “Soy lo que soy como consecuencia de mis elecciones de ayer”, tampoco podrá decir: “Elijo otra cosa”.

No es lo que los otros hacen ni nuestros propios errores lo que más nos daña; es nuestra respuesta ante ellos.

Si perseguimos a la serpiente venenosa que nos ha mordido, lo único que conseguiremos será provocar que el veneno se extienda por todo nuestro cuerpo. Es mucho mejor tomar las medidas necesarias para extraer el veneno. Tomar conciencia de lo que somos, de nuestros valores, principios, cualidades y esencia, es imprescindible para dejar de ser reactivos y pasar a la proactividad.

La gran ventaja de atravesar circunstancias difíciles es que si trabajamos sobre nosotros mismos suelen dar origen a cambios estructurales en nuestras vidas, a modelos de referencia totalmente nuevos, a través de los cuales vemos el mundo, a nosotros mismos y a los otros desde una perspectiva más amplia.

Nuestra naturaleza básica consiste en actuar, no en que se actúe por nosotros. Esto nos permite elegir nuestras respuestas a circunstancias particulares y, además, nos da poder para generar nuestro propio entorno. Tomar la iniciativa no significa ser insistente, molesto o agresivo. Significa reconocer nuestra responsabilidad de hacer que las cosas sucedan de manera acorde a nuestros principios y esencia.

Antes de reaccionar ante algo, con ira, enfado, tristeza, pregúntate: ¿Cómo tengo que ser yo en estos momentos? Y las personas que son así ¿Cómo piensan? ¿Cómo actúan?

¿En qué inviertes tu tiempo y energía?. Ejercicio para tomar conciencia de tu grado de proactividad

Cada uno de nosotros tiene un abanico muy diverso de preocupaciones, salud, hijos, pareja, trabajo, medio ambiente, política, crisis financieras, terrorismo, etc. Este conjunto de cosas entrarían dentro de nuestro CÍRCULO DE PREOCUPACIÓN. Cuando revisamos las cosas que están dentro de nuestro círculo de preocupación resulta evidente que sobre algunas de ellas no tenemos ningún control real.

Sin embargo, con respecto a otras, si podemos hacer algo. Podemos identificar las preocupaciones de este último grupo limitándolas dentro de un CÍRCULO DE INFLUENCIA más pequeño.

Pues bien, las personas proactivas centran sus esfuerzos en el círculo de influencia. Se dedican a las cosas sobre las cuales pueden actuar y hacer algo. Su energía es positiva: aumenta, lo cual conduce a la ampliación de su círculo de influencia.

Una forma de saber qué se encuentra en tu círculo de preocupación y qué se encuentra en tu círculo de influencia consiste en distinguir los “tener” de los “ser”.

El CÍRCULO DE PREOCUPACIÓN está lleno de “TENER” o "NO TENER":

  • Estaré muy contento cuando tenga esos zapatos de marca X
  • Si no tuviese este jefe tan horroroso mi trabajo sería estupendo
  • Si mi pareja quisiese vivir conmigo tendría una familia feliz
  • Si tuviese una casa más grande ….
  • Si tuviese más dinero ...

El foco está en lo externo a nosotros. En el exterior. En el mundo de lo tangible.

En cambio el círculo de influencia está lleno de “ser”:

  • Puedo ser más sencillo
  • Puedo ser más tolerante
  • Puedo ser más firme
  • Puedo ser más paciente
  • Puedo ser más alegre

Dentro del círculo de influencia el foco se pone en el conjunto de cualidades y valores que condicionan nuestra conducta como individuos, en el mundo intangible.

Nuestra forma de sentir, de entender el mundo, de ser quienes somos realmente, y nuestra realidad tienen que ir juntos. Tiene que haber conexión entre tu mundo tangible y tu mundo intangible ya que si estos recorren caminos opuestos te rompes.

Siempre que pensemos que el obstáculo o impedimento está “ahí fuera” este pensamiento se convertirá en nuestro verdadero problema ya que estaremos otorgando el poder a algo que se encuentra fuera de nuestro control y funcionaremos de forma exclusivamente reactiva.

Este modelo de fuera hacia dentro nos hace pensar que lo que está fuera debe de cambiar de forma previa a que cambiemos nosotros para poder sentirnos bien.

El enfoque proactivo consiste en cambiar de dentro hacia fuera. Propone ser distinto, y de esta manera provocar un cambio positivo en lo que está fuera: puedo ser más compasivo, más cariñoso, más cooperativo, más ...

Dibuja tu círculo de preocupaciones, con tus "tener" y luego dibuja tu círculo de influencia, ¿Cómo tienes que ser tú para llevar el dominio de tu vida y que no te arrastren otras personas o entornos tóxicos?

La proactividad es un músculo que debes de desarrollar a fondo cara a poder poner en marcha el resto de habilidades que te conduzcan a la seguridad en ti mismo. Recuerda que siempre es uno mismo quien tiene la responsabilidad de actuar para que su vida se dirija hacia donde desea. Si esperas a que los demás actúen sobre ti, actuarán sobre ti y las consecuencias en cuanto a tu felicidad y las oportunidades en tu vida dependen de que sigas uno u otro camino.

Tu voluntad sólo va a estar en una disposición proactiva si hay una disposición a respetar tus ideales o valores personales establecidos.

El desarrollo de esta habilidad para ser personas más seguras le da sentido a nuestras ideas, a nuestras acciones, y a nuestra vida. Permite orientar nuestros proyectos hacia lo que realmente es valioso para nosotros.

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