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no te necesito

'Te quiero, pero no te necesito', ¿realmente tiene sentido?

El falso 'No te necesito'

Autoría del artículo: Mundología. Patricia Martín Alonso

- Ella es la rosa a quien he regado.

- El tiempo que perdiste por tu rosa hace que sea tan importante. Eres responsable de tu rosa.

El Principito

Somos seres sociales. Filosofías como el budismo, entre otras, nos instan a que dejemos de depender de las cosas materiales que nos rodean, y a que los demás dejen de ser necesarios. Abogan por el camino de la independencia absoluta para alcanzar la tranquilidad y la felicidad. Pero, ¿existe esa independencia?

Las personas son dependientes emocionales en cuanto sus necesidades emocionales no se ven satisfechas.

Somos seres sociales y, por tanto, debemos vivir en sociedad. Nuestra naturaleza nos lleva a necesidades como la comunicación, el contacto con los demás, la preocupación por los demás, la dependencia. Y son NECESIDADES. Esa dependencia, mal entendida, puede llegar a ser insana. Pero estoy cansada de escuchar ese falso "No te necesito", cansada de la filosofía de frases vacías que son como el "whoper con queso", que sacian al momento pero te dejan con hambre a la hora (parafraseando a Francisco Sánchez Serradilla, y este al sociólogo Bourdieu) que nos dicen absolutismos como "no pierdes a nadie porque nadie es dueño de nadie" y estupideces similares.

Claro que nadie es dueño de nadie. Claro que nadie es imprescindible. Pero existe lo que en El Principio denominan "domesticar": hacer a alguien o algo "tuyo" estableciendo vínculos, lazos. Esa es la base de toda relación. Crear algo en común, querer al otro desde la necesidad sana de decidir que me enriqueces tanto que decido que te quiero presente y necesario en mi vida. Pero sabré adaptarme si dejas de aportarme, dejas de quererme...si decides irte. Sabré dejar de necesitarte cuando estar a tu lado no sea una decisión libre, sino una cadena que me ata a ti pese a que sólo me reporta dolor.

Cuando estableces lazos, ocurre como le sucede al Principito con una rosa: se la encuentra durante ese viaje de descubrimientos que es el libro y comienza a cuidarla. La "domestica". La convierte en algo importante para él. Pero la rosa se queja mucho, pide cuidados continuos, es quisquillosa... Y aquí surge para mí lo importante y mi propia interpretación de ese fragmento: quizá tu rosa MERECE esos cuidados. Y por eso los reclama. Los merece porque debes darte cuenta de que NO ES UNA ROSA COMO LAS DEMÁS. El Principito debe saber el VALOR que tiene su rosa, y se lo hace comprender el Zorro.

La rosa del Principito es distinta porque no está vacía, no es igual que las demás. Es única entre las rosas. Y sobre todo, porque él la ha hecho SU rosa al establecer lazos con ella.

Así, cuando se establecen lazos con cualquier persona, es importante que nos molestemos en ver su valor. Quizá lo que tenga de especial sea la relación que mantiene con nosotros, sea su inteligencia, su sentido del humor, su amor, su amabilidad, su capacidad de escuchar o de hablar, sus consejos...Quién sabe. "Lo esencial es invisible a los ojos", dice el Zorro. Y es importante también que mimemos esos lazos, que sepamos mantenerlos. "El tiempo que perdiste con tu rosa hace que sea tan importante", añade el Zorro. Y concluye: "Eres responsable de tu rosa".

- Lo esencial es invisible a los ojos.
- El tiempo que perdiste con tu rosa hace que sea tan importante. Eres responsable de tu rosa.

Por eso no podemos desaparecer de golpe, cortando una relación. No podemos ir dándole menos cada vez, no podemos ser egoístas y decir tranquilamente "ya no te necesito", igual que no podemos exigir continuamente, pelear continuamente, como si fuera una lucha de poder. La lucha de poder implica que alguien pierde, que el otro gana...¿y qué gana? Si has establecido lazos, con ese comportamiento rompes esos lazos, le dices al otro (sin decirlo, a veces) "No me importas". No has entendido ni el valor, ni el concepto de domesticar, ni la importancia de dedicarle tiempo a alguien (o del tiempo que te han dedicado a ti).

Yo creo que hay pocas personas realmente especiales. Pero si doy con una de ellas, la mantengo a mi lado, la quiero, la conservo, la cuido. Y el amor o la amistad tampoco son incondicionales: uno se cansa de dar y recibir reproches, de no "estar a la altura", de no ser tratado de igual a igual. De no entender, de no recibir explicaciones, de preguntar, de intentar saber en qué punto se rompió el lazo, si sólo está deshilachado o si ha volado como un globo en el aire. Uno se cansa de ser amable y no recibir amabilidad. Uno se cansa de la falta de justicia, del orgullo que lanza ese "no te necesito". Y si no me necesitas, ¿por qué no te diste cuenta desde el principio? Y entonces comprendes que el que no ha entendido ha sido el otro, porque sus relaciones (y esto a menudo pasa con los hombres) las establece desde otra perspectiva: la del pedestal.

A veces transformamos a las personas en dioses. Esos dioses son caprichosos y malhumorados si no satisfaces sus necesidades. La necesidad de un hombre-dios es arbitraria y puntual: a veces sí, a veces no. No sabe establecer lazos de igual a igual porque está en un pedestal. La mujer también tiene culpa al acariciar su ego, al adorarle, al servirle mientras no reclama nada más que el que esté ahí. No. Las relaciones también tienen reglas del juego para que sean equitativas. Pero si la mujer que adora a su dios le pone reglas, el hombre-dios se revela: quiere jugar a su modo, que es el de "tú me das siempre; yo, cuando me apetezca". E incluso en este rol, ambos se necesitan, cada uno desde una necesidad distinta.

Si el Principito no hubiera dado el valor que merecía a su rosa, su rosa hubiera seguido siendo distinta a las demás, pero habría sido otro quien hubiera visto ese valor. Si el Principito creyera que porque la rosa "le reclama su parte del trato" esa rosa no merece su atención, se queja mucho y le cansa, no habría entendido la importancia de hacer algo tuyo, la belleza de la "necesidad sana" del otro. Sólo lo hubiera sabido cuando, abandonada su rosa, hubiera vuelto a conocer a una rosa normal. Pero ya habría sido tarde.

Es mejor mirar, cuidar, necesitar, querer al otro con todo. Aceptarle como es. Cuidarle desde esa idea. Y no esperar a que se vaya para darnos cuenta de que (aunque digamos que no) todos los que nos encontramos en el camino, en un momento dado, con personas con las que cuadramos, nos necesitamos de algún modo. Si no, no habríamos cuadrado.

Tampoco nadie es prescindible.

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