Terapia de pareja online cuando discutimos siempre por lo mismo

terapia de pareja online cuando discutimos siempre por lo mismo

Hay parejas que no discuten por temas:
discuten por estructuras.
Lo que cambia es la excusa;
lo que se repite es el fondo.

Muchos buscan terapia de pareja online porque sienten que la relación va bien en casi todo,
pero hay un conflicto que vuelve siempre al mismo punto:
la misma frase,
la misma defensa,
el mismo reproche,
la misma sensación de no ser escuchados.

No es un desacuerdo.
Es un círculo.

Y un círculo no se rompe con más argumentos,
ni con más paciencia,
ni con más voluntad de “comunicar mejor”.

El problema no está en lo que decís.
Está en lo que cada uno protege cuando la conversación se enciende.

Cuando la discusión no es la discusión

Las parejas que repiten el mismo conflicto describen tres cosas:

– hablamos horas y no cambia nada,
– al día siguiente estamos bien,
– a la semana vuelve exactamente igual.

Eso no es falta de acuerdo.
Es que no estáis discutiendo sobre lo que decís.

Habéis convertido el tema —dinero, tiempo, familia, planes, reparto, hábitos—
en la forma aceptable de pelear por algo mucho más profundo:

– la necesidad de ser tenido en cuenta,
– el miedo a no importar,
– la sensación de cargar más,
– la idea de que el otro no se mueve,
– o el deseo de que haya una señal que nunca llega.

El contenido es máscara.
Lo que se repite es posición.

Cada uno defiende algo distinto, pero ninguno lo nombra

En un bucle hay dos movimientos muy claros:

Uno empuja.
Quiere cambio.
Necesita claridad.
Quiere sentir que algo importa.
No discute por ganar.
Discute porque la quietud le asfixia.

El otro se defiende.
No quiere pelear.
Se siente atacado.
Siente que haga lo que haga nunca es suficiente.
Evita porque no quiere estropear lo poco que está funcionando.

Empuje y defensa.
Tensión y retirada.

No hay culpables.
Hay dos formas de protegerse que chocan.

El que empuja piensa que el otro no se involucra.
El que se defiende piensa que el otro no se calma.

Los dos están fatigados.
Los dos creen tener razón.
Los dos están mirando solo su parte del patrón
porque mirar la del otro duele.

Por qué nunca se resuelve

Repetir el mismo conflicto crea una ficción peligrosa:
la sensación de avance.
“Esta vez hemos hablado mejor”.
“Esta vez lo hemos entendido”.
“Ahora sí que sí”.

Pero nada cambia porque entre una conversación y otra
cada uno vuelve a su posición automática.

No se trabaja el fondo:
se trabaja la convivencia del conflicto.

Una sesión semanal o quincenal tampoco cambia esto.
En una hora explicáis bien el patrón;
incluso veis la lógica.
Pero el patrón se activa después,
en el día a día:
cuando os sentís cansados,
cuando alguien se queda sin energía,
cuando uno interpreta distancia donde solo había rutina,
cuando algo pequeño se agranda porque activa una herida antigua.

El bucle no nace de la conversación.
Nace del sistema de alarma de cada uno.

Y eso no espera a la semana siguiente.

Lo que ninguno dice en voz alta

En todas las parejas que discuten por lo mismo, hay una frase que ninguno verbaliza:

“No quiero que esto que me pasa se quede así.”

Cada uno se protege de una cosa distinta:

– uno del abandono,
– otro del agobio,
– uno del silencio,
– otro de la exigencia,
– uno del vacío,
– otro del conflicto.

Pero lo que hay debajo es más simple:
los dos temen que la relación se quede atrapada en esta inercia.

La discusión repetida no es lucha.
Es señal.
Y si no se mira, acaba convirtiéndose en identidad:
“somos así”.

Eso mata cualquier relación sin que nadie haga nada grave.
Solo por repetición.

Cuando discutís por lo mismo, no buscáis acuerdos: buscáis un lugar

La clave no es resolver el tema.
La clave es ver desde dónde se mueve cada uno cuando el conflicto aparece.

Porque hasta que no veis la posición interna:

– quién empuja desde miedo,
– quién se retira desde saturación,
– quién pide sin poder pedir explícitamente,
– quién cede para no perder,
– quién calla para no herir,
– quién siente que sostiene más de lo que puede,

el conflicto seguirá siendo el mismo,
aunque cambiéis de tema.

La pregunta no es:
“¿Cómo discutimos mejor?”.

La pregunta real es:
“¿Qué está intentando proteger cada uno cuando esto se repite?”.

Cuando esa protección se ve, el conflicto pierde fuerza.
No se resuelve:
se desactiva.

Las parejas no buscan terapia aquí para entenderse mejor: buscan dejar de desgastarse

Llega un punto en el que la repetición no es un problema puntual,
sino un síntoma de que la relación está pidiendo algo que ninguno sabe cómo nombrar.

No es comunicación.
No es carácter.
No es mala intención.

Es estructura.

Y la estructura no cambia con voluntad,
ni con un manual de cómo hablar,
ni con treguas temporales que duran tres días.

Cambia cuando se mira el patrón sin disfrazarlo,
cuando se ve la posición real de cada uno
y cuando el vínculo deja de girar alrededor de ese conflicto
como si fuera su eje.

Si estáis en este punto, lo sabéis:
habéis hablado demasiado
y nada se ha movido.

Si sigues leyendo, pero sigues igual

el punto una sesion online

Puede que ya lo hayas entendido todo.
Y aun así sigas confundido sobre qué hacer.

No por falta de información.
Sino porque hay una coartada —una explicación interna—
que hoy te mantiene ahí.

EL PUNTO es una sesión única de 90 minutos
para ver con claridad desde dónde estás actuando
y salir de la confusión que te permite no decidir.

No es terapia.
No es proceso.
No hay seguimiento.
No hay después implícito.

Solo una sesión.
Un acto.
Y actuar desde otro lugar.

Entrar en El Punto

Si queréis ver cuándo la terapia ayuda y cuándo no, lo explico aquí → Terapia de pareja: cuándo funciona y cuándo no


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