Terapia de pareja online tras tener hijos

terapia de pareja online tras tener hijos

Después de tener hijos la relación no se rompe.
Se recoloca.
Y en esa recolocación, muchas parejas se pierden sin saber dónde exactamente.

No es falta de amor.
No es falta de compromiso.
No es falta de ganas.
Es que todo lo que sostenía el vínculo —tiempo, cuerpo, mirada, deseo, disponibilidad—
se desplaza de sitio.

Muchos buscan terapia de pareja online en este punto porque sienten que siguen siendo familia,
pero han dejado de ser pareja.
No por descuido,
sino porque la vida ha girado con tanta fuerza
que ninguno ha tenido espacio para mirarlo de frente.

Aquí no se trata de “mejorar la comunicación”
ni de “recuperar la chispa”.
Eso es maquillaje.

Aquí se trata de ver qué ha cambiado en el vínculo desde que llegó el hijo
y por qué lo que antes funcionaba ahora ya no alcanza.

Cuando el hijo llega, la relación pierde simetría

Antes del hijo, la pareja suele vivir en un equilibrio imperfecto pero manejable.
Después del hijo, ese equilibrio desaparece:

– uno carga más horas,
– el otro carga más preocupación,
– uno sostiene la logística,
– el otro sostiene la emocionalidad,
– uno se agota cuidando,
– el otro se agota intentando no fallar.

No es injusticia.
Es asimetría vital:
dos cuerpos con ritmos distintos,
dos mentes con responsabilidades distintas,
dos personas intentando sobrevivir a la misma tormenta desde posiciones diferentes.

Cuando no se nombra esa asimetría,
se convierte en resentimiento silencioso.

El desgaste no nace del hijo.

Nace de lo que ya no podéis mantener entre los dos.

Antes del hijo había tiempo para reparar.
Ahora no.

Antes había deseo suficiente para acercarse.
Ahora el cuerpo está en modo supervivencia.

Antes había espacio para hablar.
Ahora hablar es un lujo que llega cuando ya estáis agotados.

Las tensiones se acumulan no porque falte amor,
sino porque falta margen.

Lo que antes se resolvía en una conversación,
ahora se posterga semanas.
Lo que antes se sanaba con un gesto,
ahora se interpreta como indiferencia.

La relación no falla.
La relación se queda sin recursos.

Aparece un tipo de soledad que no se puede decir

Después de tener hijos, aparece una soledad rara:

– estás acompañado, pero solo,
– lo hacéis juntos, pero no al mismo ritmo,
– os queréis, pero no os encontráis.

Es una soledad sin espacio para reclamarse,
porque la culpa se mete en medio:

“no quiero cargar al otro”,
“sé que está agotado”,
“no debería pedir más”,
“no hay derecho a quejarse con lo que tenemos”.

Esa culpa deja la relación sin aire.
La pareja se convierte en un sistema de contención mutua:
uno aguanta,
el otro compensa,
y ninguno descansa.

La pareja se vuelve útil,
pero deja de ser un refugio.

El sexo es el primer termómetro que marca el desajuste

No desaparece el deseo por falta de amor.
Desaparece porque el cuerpo no tiene dónde entrar:

– hay cansancio crónico,
– hay saturación mental,
– hay distancia emocional,
– hay un rol nuevo que se come el antiguo,
– hay identidad desbordada.

El sexo no se recupera “buscando momentos”.
El sexo vuelve cuando la pareja se recoloca como pareja,
no como dos adultos gestionando un proyecto infinito.

Eso no ocurre en la cama.
Ocurre en el vínculo.

La relación empieza a girar alrededor del hijo y no alrededor del “nosotros”

Esto no se dice nunca en voz alta,
pero es la realidad:

el hijo se convierte en el centro,
y la pareja pasa a ser logística.

Y cuando la relación deja de ser el eje,
todo se vuelve frágil:

– cualquier discusión pesa el doble,
– cualquier distancia duele más,
– cualquier gesto se interpreta como falta de implicación,
– cualquier desacuerdo parece amenaza.

No necesitáis más amor.
Necesitáis volver a ser pareja,
aunque solo sea en una franja pequeña,
pero real.

Por qué una sesión semanal o quincenal no mueve nada en este punto

Porque lo que os rompe no ocurre en una hora de conversación.
Ocurre:

– en la noche en vela,
– en la carga mental que nunca se apaga,
– en el reparto desigual que nadie sabe corregir,
– en el sexo que ya no aparece,
– en el cansancio que os vuelve irreconocibles,
– en el día a día donde no hay espacio para nada que no sea urgencia.

Una sesión semanal ordena ideas.
Pero lo que pesa es la vida entre sesión y sesión.
Y ahí es donde la relación se decide.

Para quién es este espacio

Para parejas que no quieren “recuperar lo de antes”,
porque saben que antes ya no existe.

Para quienes sienten:

– “Nos queremos, pero estamos agotados.”
– “Ya no sé cómo encontrarnos.”
– “Solo hablamos de logística.”
– “Estoy solo dentro de la relación.”
– “Me da miedo decir lo que me pasa.”
– “No quiero que esto nos rompa, pero no sé qué hacer.”

No buscáis armonía.
Buscáis colocar lo que se ha movido
y saber si la relación puede reorganizarse
o si lo que queda ya no sostiene.

Si sigues leyendo, pero sigues igual

el punto una sesion online

Puede que ya lo hayas entendido todo.
Y aun así sigas confundido sobre qué hacer.

No por falta de información.
Sino porque hay una coartada —una explicación interna—
que hoy te mantiene ahí.

EL PUNTO es una sesión única de 90 minutos
para ver con claridad desde dónde estás actuando
y salir de la confusión que te permite no decidir.

No es terapia.
No es proceso.
No hay seguimiento.
No hay después implícito.

Solo una sesión.
Un acto.
Y actuar desde otro lugar.

Entrar en El Punto

Si queréis ver cuándo la terapia ayuda y cuándo no, lo explico aquí → Terapia de pareja: cuándo funciona y cuándo no


Sobre este lugar

Quién soy
(No es una empresa. Hay una persona detrás. Aquí puedes ver quién.)

Contactar por WhatsApp (+34 659 88 12 63) / Email (voz@apegosposibles.com)
(Si no lo tienes claro, puedes escribir directo. No hay robots.)

Fuera del Mapa
(Si quieres entender mejor desde dónde se concibe Apegos Posibles.)

Apegos Posibles. Calle de Andorra, 22. Hortaleza. 28043 Madrid.