Terapia de pareja online cuando ya no hay deseo

Cuando una pareja dice que “ya no hay deseo”, casi nunca está hablando de sexo.
Está hablando de posición interna:
del lugar donde cada uno se coloca frente al otro
cuando el cuerpo deja de entrar en la relación.
El sexo no desaparece de golpe.
Se erosiona.
A veces sin conflicto,
a veces sin motivo aparente,
a veces en silencio,
hasta que un día os dais cuenta de que lleváis semanas, meses o años sin tocaros.
Muchos buscan terapia de pareja online por esto,
pero lo que esperan que les expliquen no es el cuerpo,
sino el fondo:
por qué con alguien a quien quieres
tu cuerpo ya no responde.
Y esa pregunta no se responde con técnicas sexuales.
Se responde mirando qué se ha movido en la relación
que el sexo ha dejado de sostener.
El problema no es la frecuencia.
Es la verdad que el cuerpo está diciendo antes que la cabeza.
Cuando el deseo cae, aparecen los mismos discursos:
– “estamos cansados”,
– “ya no es como antes”,
– “no encuentro el momento”,
– “hay cariño, pero no ganas”,
– “el sexo se ha vuelto raro”,
– “no sé si es una etapa”.
Pero debajo de esas frases suele haber algo más:
la relación ya no está colocada donde estaba.
El cuerpo lo nota antes que la mente.
El sexo desaparece cuando:
– uno se siente responsable del otro,
– hay tensión no dicha,
– alguien carga más de lo que puede,
– la admiración se ha erosionado,
– la convivencia ha engullido la intimidad,
– la relación ha perdido dirección,
– alguien está en alerta,
– alguien está resentido,
– o alguien se ha desconectado sin decirlo.
El cuerpo no miente.
Solo se adelanta.
Cuando el sexo desaparece, la relación cambia de sitio
El sexo no es solo placer.
Es información.
Dice desde dónde os encontráis:
si desde la seguridad,
desde la distancia,
desde el cansancio,
desde el temor a herir,
o desde la obligación silenciosa.
Muchas parejas siguen funcionando muy bien en lo cotidiano,
pero el sexo se queda fuera.
No porque haya desamor,
sino porque la relación ha pasado a un modo donde el encuentro físico no tiene hueco.
El deseo no puede sobrevivir en una relación donde:
– uno cuida demasiado,
– el otro se esconde,
– la rutina manda,
– el conflicto se evita,
– el reconocimiento ha desaparecido,
– alguien siente que ya no importa,
– alguien se siente observado,
– alguien se siente evaluado.
El deseo necesita igualdad interna,
no igualdad práctica.
Y cuando se pierde,
no vuelve solo.
El error más común: intentarlo desde la voluntad
Cuando el deseo cae, las parejas suelen hacer dos cosas:
1. Forzar el acercamiento.
Probar, intentarlo, programarlo.
Casi siempre acaba en incomodidad o presión.
2. Normalizar la pérdida.
Decirse que es una etapa,
una fase,
una consecuencia del estrés.
Ambos caminos empeoran la situación.
El deseo no responde a esfuerzo.
Responde a clima.
A presencia.
A cómo os miráis.
A cómo os tratáis cuando no estáis desnudos.
Si el vínculo no está colocado,
ningún intento sexual funciona.
Hay dos silencios que matan el deseo
El silencio del que no pide.
Porque teme ser pesado,
o teme oír que el otro ya no quiere,
o teme confirmar lo que sospecha.
Y el silencio del que no dice que no quiere.
Por miedo a herir,
por culpa,
por evitar una crisis,
por no saber cómo explicarlo sin romper algo.
Entre esos dos silencios,
el deseo se asfixia.
No por falta de amor,
sino por falta de verdad.
La pérdida de deseo siempre es un síntoma, nunca el problema
El problema no está en la cama.
Está en el vínculo.
Y el vínculo cambia cuando:
– uno deja de sentir que importa,
– el otro deja de sentir que es visto,
– la relación se ha vuelto demasiado funcional,
– hay cansancio acumulado,
– alguien dejó de admirar,
– alguien dejó de confiar,
– alguien dejó de estar presente,
– alguien dejó de expresar lo que necesita.
El sexo desaparece cuando algo esencial se movió
y ninguno se atrevió a nombrarlo.
¿Por qué una sesión semanal o quincenal no cambia esto?
Porque lo que quiebra el deseo no ocurre en la sesión.
Ocurre en lo cotidiano:
– en cómo os habláis,
– en lo que evitáis,
– en la tensión que se arrastra,
– en la carga que uno asume en silencio,
– en los momentos en los que uno se siente solo estando acompañado.
El sexo no vuelve por hablarlo.
Vuelve cuando cambia el sitio desde el que os encontráis.
Eso no se ajusta en una hora a la semana.
Se ajusta viendo lo que sostiene la relación entre una sesión y otra,
que es justo donde desaparece el deseo.
Para quién es este espacio
Esto no es para quien quiere “mejorar la vida sexual”.
Para eso ya hay suficiente contenido hueco.
Esto es para quien está en este punto:
– “Quiero a mi pareja, pero mi cuerpo no responde.”
– “Hay cariño, pero no hay ganas.”
– “No sé por qué se me ha ido el deseo.”
– “Temo que el otro piense que ya no le quiero.”
– “No quiero fingir, pero tampoco quiero herir.”
– “No sé si esto tiene arreglo o es una señal.”
El deseo no es un indicador moral.
Es un barómetro.
Marca la verdad del vínculo antes que las palabras.
Cuando desaparece, no pide técnicas.
Pide claridad.
Si sigues leyendo, pero sigues igual

Puede que ya lo hayas entendido todo.
Y aun así sigas confundido sobre qué hacer.
No por falta de información.
Sino porque hay una coartada —una explicación interna—
que hoy te mantiene ahí.
EL PUNTO es una sesión única de 90 minutos
para ver con claridad desde dónde estás actuando
y salir de la confusión que te permite no decidir.
No es terapia.
No es proceso.
No hay seguimiento.
No hay después implícito.
Solo una sesión.
Un acto.
Y actuar desde otro lugar.
Si quieres ver en detalle en qué casos la terapia ayuda y en cuáles no, puedes leer Terapia de pareja: cuando sirve y cuando no
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