Sobre este sitio y yo

Para qué existe Apegos Posibles

Apegos Posibles existe para que las personas miren sus relaciones tal y como son, sin excusas ni disfraces.
Para asumir responsabilidad sobre lo que hacen, lo que permiten y lo que evitan.
Y para abrir una manera más clara, más real y más satisfactoria de relacionarse, sin seguir repitiendo lo que no les funciona.

Foto de Eugenio Pardo, autor de Apegos Posibles

Quién soy

Me llamo Eugenio Pardo.

Durante muchos años fui Paisajista, diseñaba jardines.
Mi trabajo no era “poner plantas”, ni dependía solo de ellas. Era leer un lugar: su luz, su forma, su historia, sus silencios. Imaginar qué atmósfera podía tener, cómo se recorrería y qué sensación dejaría en quien lo habitara.
Un paisaje no es una composición cerrada: es una experiencia que cambia con el tiempo.
Ese oficio me enseñó a observar sin prisa, a captar detalles que suelen pasar desapercibidos y a entender que un espacio —igual que una persona— necesita coherencia, no adornos.

En un momento de mi vida, una relación se rompió de golpe.
Yo vivía convencido de que cuando quieres mucho a alguien, esa persona te quiere de la misma manera.
El final desmontó esa idea al instante.
No sabía dónde colocar lo que había pasado ni qué parte de mi lógica fallaba.
La sensación era esta: haber vivido algo sin entender lo que realmente estaba ocurriendo.

Me quedé con una sola pregunta dando vueltas:
“¿Cómo puede romperse algo que para mí tenía tanto sentido y no ser como yo creía?”
Empecé a leer para ordenar lo que sentía.
De ese intento salió un blog que llamé Apegos Posibles, más para entenderme yo que para enseñar nada.

Lo que me trajo hasta aquí

A partir de ese momento tuve que mirar mis relaciones de otra manera.
No bastaba con querer mucho: había algo en mi forma de entender el vínculo que no encajaba.
Leer, escribir y pensar con calma me ayudó a ordenar lo que estaba viendo y a reconocer que muchas personas se pierden en los mismos lugares, aunque no sepan nombrarlo.

Con el tiempo entendí que esa mirada no había nacido entonces.
Ya estaba en mi trabajo como paisajista: escuchar sin prisa, interpretar un lugar, notar lo que no se dice y trabajar con la idea de que nada está acabado: todo cambia.
Solo que ahora esa sensibilidad se movía hacia otra parte: las relaciones.

No hubo un salto brusco.
Hubo un cambio de foco.
La misma mirada, puesta en los vínculos, donde también hacía falta claridad, coherencia y una lectura honesta de lo que ocurre.

Cómo llegué a trabajar con esto

Con el tiempo sentí que esa claridad no podía quedarse solo en un texto.
Me formé con Másteres en Coaching y en Design Thinking, estudié mucho más en los campos del apego y las relaciones de pareja de lo que jamás imaginé, y empecé a trabajar con los vínculos desde un pensamiento más crítico que académico.

No soy psicólogo, ni lo necesito.
Mi trabajo no nace de un manual, sino de una forma de mirar que construí entre vida, errores, lecturas y decisiones difíciles.

Tengo 57 años.
A estas alturas no hablo desde teoría.
Hablo desde lo vivido y desde lo que tuve que cambiar cuando lo anterior dejó de tener sentido.

Cómo trabajo

No tengo un método cerrado ni un guion.
Trabajo mirando lo que haces, lo que mantienes y lo que evitas, no lo que dices que te pasa.
Mi forma de trabajar es directa: voy al punto donde te bloqueas, no a rodeos ni explicaciones eternas.

No busco aliviarte.
Busco que puedas ver lo que está ocurriendo de verdad, sin excusas ni fantasías.
A veces eso es incómodo, pero es ahí donde empieza a moverse algo.

No doy respuestas hechas.
Lo que hago es señalar la decisión que estás esquivando, o la contradicción que te mantiene en el mismo sitio.
Y sostengo ese momento sin acelerar ni suavizar nada.

No uso técnicas de autoestima ni ejercicios.
Uso una mirada crítica, honesta y tranquila.
Escucho lo que dices, pero también lo que no dices.
Y te devuelvo la parte que necesitas ver para poder actuar desde otro lugar.

Trabajo con personas dispuestas a hacerse cargo de lo que hacen, de lo que permiten y de lo que evitan; no de teorías, sino de su parte real en la historia.
No con quienes solo buscan explicaciones o consuelo.

La claridad no aparece por entender más, sino cuando empiezas a ver qué es tuyo, qué no lo es y qué te toca decidir.

Para quién es este espacio

Para personas que se pierden en sus relaciones y ya no saben cómo mantenerlas ni cómo soltarlas.
Para quienes repiten historias que cansan, vuelven donde les duele o esperan algo que nunca llega.
Para quienes están atrapados entre el miedo a quedarse y el miedo a marcharse.
Para quienes quieren mirar la realidad sin excusas y tomar decisiones que llevan tiempo evitando.

No es un espacio para quien busca consuelo, técnicas o explicaciones infinitas.
Es para quien necesita claridad y está dispuesto a hacerse cargo de su parte.

No te conozco.
Pero si has llegado hasta el final,
puede que ya estés más cerca de elegir algo distinto.
Y eso ya es mucho.


Sobre este lugar

Quién soy
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Fuera del Mapa
(Si quieres entender mejor desde dónde se concibe Apegos Posibles.)

Apegos Posibles. Calle de Andorra, 22. Hortaleza. 28043 Madrid.