Tres semanas de presencia | Estar de verdad

tres semanas de presencia

Tres semanas.
Tres actos sin reloj.
Cada uno dura lo que tenga que durar: cuarenta minutos, dos horas, o más.
No se corta por horario, se corta cuando algo se asienta.

Y entre medias, sigo ahí.
Por WhatsApp.
No para acompañar cada emoción, sino para estar cuando algo se mueve.
Para leer lo que cuesta decir en voz alta.
Para responder cuando haya algo que valga la pena decir.

Eso es la presencia:
no solo en la sesión,
sino en el espacio entre una y otra,
donde de verdad pasa lo importante.

No es seguimiento ni asistencia.
Es presencia continua mientras la vida se recoloca.

Aquí no se corre.
No se explica.
Se sostiene el movimiento hasta que encuentra forma.

Tres semanas de presencia es para cuando algo en tu vida ya se rompió,
o está a punto de romperse,
y tú no quieres volver al mismo sitio.
Es para cuando lo entiendes todo
pero sigues igual.
Para cuando no basta con hablar,
y necesitas moverte de verdad.

Para quién es

Para quien está dentro de una relación que ya no funciona
y no sabe si seguir o salir sin romperse del todo.

Para parejas que siguen juntas,
pero no saben si todavía hay un “nosotros”
o solo una costumbre bien sostenida.

Para quien lleva semanas (o meses)
dando vueltas a la misma decisión
y no consigue moverse.

Para quien ha roto,
pero sigue atado por dentro.
No por nostalgia: por miedo, por hábito, por un hilo que no entiende.

Para quien repite siempre el mismo patrón.
Cambia la persona,
pero el fondo es idéntico
y ya no quiere vivir otra vez la misma historia.

Para quien vive enganchado a alguien que ya no le elige,
pero no consigue salir.
Ni avanzar, ni olvidar, ni cortar del todo.

Para quien ama,
pero ama desde la alarma:
pendiente del móvil,
sintiendo que nunca es suficiente,
vigilando para no perder nada.

Para quien se aleja justo cuando le quieren bien,
y no sabe por qué.
Ni cómo quedarse sin huir.

Para quien siente todo y nada a la vez.
Que quiere y no quiere,
que se acerca y se aparta,
que no cabe en sí
y tampoco en el otro.

Tres semanas de presencia es para todas esas vidas que se repiten,
para esos nudos que no aflojan,
y para esas decisiones que siempre postergas.

Es para ti
si ya sabes que así no puedes seguir,
pero solo no puedes salir de ahí.

Cómo funciona

El primer Acto es un choque.
Y aquí pasa algo que nadie más ofrece: no hay reloj.
Se entra hasta donde haga falta.
Una hora, dos horas, o más.
Lo que se necesite.
Se corta cuando algo cae en su sitio, no cuando termina la hora.

Entre ese primer acto y el siguiente estoy ahí.
Presencia continua, no mensajes sueltos.
Cada día.
No para sostener emociones: para cortar dudas, afinar decisiones y frenar al miedo cuando intenta colarse.
Aquí es donde se juega la diferencia.
Aquí es donde la gente no vuelve atrás.

Al segundo Acto llegas distinto.
Sin venda.
Más claro.
Y otra vez, sin reloj.
Lo que tenga que pasar, pasa. Lo que tenga durar, dura.
Esta es la sesión donde se decide de verdad, no desde el miedo, sino desde lo que ya no puedes negar.

Después, otra vez presencia continua.
Corta.
Directa.
Justa.
Nada de desahogos ni conversaciones interminables.
Solo lo que mantiene el movimiento vivo.

El tercer Acto fija lo que ya se movió.
Se ajusta, se ancla, se deja listo para que cuando vuelva el viento no te arrastre a lo de siempre.
Y sí: también sin reloj.

Y después hay unos días más.
Pocos.
Los justos. Los necesarios.
Presencia por WhatsApp para que no retrocedas justo cuando empieza a asentarse lo nuevo.
Ahí no hacemos sesiones:
afinamos, cortamos dudas y cerramos bien lo que se abrió.
Es lo que completa las tres semanas.
Y lo que evita que vuelvas al mismo sitio.

Tres semanas de presencia no es un método.
Es un Tramo de Verdad.
Y funciona porque nadie te hace entrar tan hondo,
y nadie se queda tan cerca cuando realmente toca moverse.


No se negocian los días.
Un día arriba o abajo, vale.
Una semana arriba o abajo, no.

Si se estira, deja de ser Tres Semanas de Presencia
y se convierte en “tu proceso”.
Y “tu proceso” es blando.
Aquí no hay procesos.
Aquí hay movimiento.

Qué cambia después de estas tres semanas de presencia

Lo primero que cambia es tu posición en la historia.
Llegas atrapado en un bucle; sales pudiendo verlo desde fuera.
Eso no te resuelve la vida,
pero te devuelve el volante.
Antes reaccionabas.
Ahora eliges.
Aunque duela.

También cambia la forma en la que decides.
Al principio se te cae la venda.
Al final ya no eliges desde el miedo a perder,
sino desde lo que ya no puedes seguir manteniendo.
No te hago valiente:
te quito las excusas.
Y cuando no hay excusas, aparece la decisión.

Cambia tu relación con el dolor.
Antes te perseguía.
Después lo miras de frente.
No porque sea leve,
sino porque ya no huyes.
La huida es lo que rompe,
no el dolor.

Cambia el patrón.
No digo que se cure.
Digo que lo ves.
Y cuando ves la trampa,
ya no puedes repetirla sin darte cuenta.
A veces basta para no caer.
A veces solo retrasa la caída.
Pero nunca igual.

Cambia la relación.
Si vienes por pareja,
o se recoloca
o se rompe.
Y en ambos casos sabes por qué.
No por cansancio,
no por impulso,
no por miedo.
Por claridad.

Cambia la forma en la que estás contigo.
Dejas de pedir a otro lo que tú no movías.
Eso no arregla todo,
pero ordena.

Y cambia lo suficiente como para que no vuelvas al mismo sitio.
No porque yo te arrastre.
No porque te motive.
Sino porque en tres semanas no se puede volver a fingir.
La máscara ya no te encaja.

Dónde ocurre

Online.
Videollamada privada.
Sin despacho.
Sin ritual.
Solo dos pantallas y lo que no quieres seguir aplazando.

Con quién se hace este trabajo

Eugenio Pardo, especializado en relaciones de pareja, apego adulto y superar rupturas.

Conmigo. Eugenio.
Con alguien que no compra excusas,
que no suaviza lo que ves,
y que no se va cuando tiembla lo importante.

No uso técnicas ni guiones.
Trabajo con lo que aparece cuando dejas de esconderte.

Durante estas tres semanas estaré ahí:
en los actos y entre ellos.
No para calmarte,
sino para que no retrocedas cuando el miedo intente recuperarte.

Esto no es acompañamiento.
Es estar de verdad,
contigo,
cada vez que decides moverte.

Precio

470 €

Tres semanas de presencia.
Tres actos sin reloj.
Presencia continua entre ellos.

No se ajusta.
No se divide.
No se negocia.

Empezar las Tres Semanas

Si quieres escribirme antes

Si necesitas decirme algo antes de empezar,
puedes hacerlo por WhatsApp:

Un mensaje sencillo basta.
Nada más.

Preguntas frecuentes

Esa misma semana o la siguiente. No más.

No. Aquí no vienes a probar. Vienes a moverte.

Tú me dices tus franjas horarias y disponibilidad. Yo coloco los actos en lo que veo que tiene sentido. Ni estrictos ni al azar.

Entonces no es el momento. Tres semanas no se estiran. Asegúrate de que puedes hacerlo seguido.

En menos de 24 horas te escribo yo por WhatsApp
y fijamos el primer acto.
Si pasa ese día y no te he escrito,
me escribes tú y arrancamos.
Sin esperas.

Si no hemos trabajado juntos antes, no hay sesión suelta.
Empieza por el tramo o no empieza.

Si ya hemos trabajado juntos, sí:
me escribes por WhatsApp
y feliz de que fijemos la sesión.
Fuera de la web y sin formulario.

Después del tramo sí puede haber sesiones sueltas.
De hecho, me gustan: son directas,
y sirven para mantener el movimiento sin volver al ruido.

Pero solo existen después de las tres semanas,
cuando ya nos conocemos
y el trabajo tiene raíz.

Lo que venga luego lo decidimos al final:
otra sesión, otro tramo
o nada más.
Depende de lo que haya pasado,
no de un catálogo.

Si ya hemos trabajado antes, no tienes que entrar por el tramo Tres Semanas de Presencia.
Me escribes por WhatsApp
y fijamos una sesión cuando toque.
Sin formulario y sin vueltas.
Lo que ya existe no se empieza de cero.

Terapia de pareja, sí, pero no como la imaginas: no hay técnicas, ni pautas a seguir, ni proceso semanal.

Tres semanas de presencia es más crudo, y sirve para parejas que ya están en un límite:
a veces se recoloca,
a veces no,
y otras veces se mueve algo que ninguno de los dos esperaba.

Aquí no se promete nada.
Se mira lo que hay
y se decide desde ahí.

¿Entonces qué es, si no es terapia de pareja clásica?

Es un tramo corto y real donde se mira la relación sin manuales ni ejercicios.
Sirve para ver si lo vuestro puede seguir, cambiar o romperse sin mentiras.

No es terapia sin más.
Es un espacio de decisión y verdad.

Sí.
Este tramo no obliga a que estéis los dos siempre.

A veces empieza uno solo
y el otro entra en el segundo acto.
A veces empezáis juntos
y solo sigue uno.
Y a veces es solo una persona durante todo el tramo.

Lo importante no es la forma,
sino mirar lo que pasa sin aplazarlo más.

La puerta está abierta para uno, para el otro
o para los dos.
Lo que cambia es la relación,
no el formato.

Sí.
Trabajo online, pero también puedo hacerlo presencial en Colmenar Viejo (Madrid).
Si lo necesitas presencial, me lo dices por WhatsApp y lo fijamos.

Aquí: Calle de las Higueras 6. 28770. Colmenar Viejo. Madrid.


DECIDIR · Formas de moverse

El tramo donde las cosas cambian de sitio.

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