¿Puedo cambiar mi estilo de apego? ¿Y el de mi pareja?

La pregunta real no es si se puede. Es por qué no pasa.

Todo el mundo dice que sí se puede.
Que con terapia, con libros, con consciencia… uno cambia.
Y es verdad. En parte.

Pero si llevas años leyendo sobre apego, y aún repites lo mismo,
si tu pareja ya “sabe todo esto” y sigue igual…
entonces la pregunta no es si se puede.

Es por qué no está pasando.

Por qué, si ya entendéis lo que hacéis mal, seguís haciéndolo.
Por qué, si ya sabéis de dónde viene, no cambia nada.
Por qué, si ya está todo hablado, seguís discutiendo igual.

Y ahí es donde empieza la fisura.

No porque duela más.
Sino porque deja menos sitio para esconderte.
Porque el problema no es la teoría.
Es desde dónde actúas cuando llega el miedo.

Tu estilo no se transforma viendo vídeos o escuchando un podcast

Puedes saberlo todo.
Ansioso, evitativo, desorganizado, seguro.
Puedes tener la etiqueta o el diagnóstico perfecto. Y seguir repitiendo lo mismo.

Porque entender no cambia nada si no lo cruzas en carne viva.

No cambias tu forma de amar leyendo sobre ella.
Cambias cuando, en mitad del pánico, eliges no correr.
Cuando, en vez de callarte para no molestar, hablas.
O cuando, en vez de exigir, te sostienes.
Ahí empieza el cambio.

El resto es información.

Lo llaman “trabajo personal”, pero muchas veces es autoengaño.
Una forma elegante de seguir igual, solo que con más vocabulario.
“Estoy trabajando en mí” puede significar lo contrario:
que no haces nada real, pero te lo cuentas bonito.

Cambiar tu estilo no es saber más.
Es hacer distinto cuando más miedo tienes.

Cambiar no es igual que evolucionar

Hay gente que no cambia. Solo ajusta su personaje.

Antes te enganchabas y lo dabas todo.
Ahora pones límites y te haces respetar.
Pero sigues eligiendo a quien no te elige.

Antes te arrastrabas.
Ahora te haces el fuerte.
Pero te alejas justo cuando empiezas a sentir.

Eso no es evolución.
Es otra forma de protegerte.

El estilo de apego no se transforma porque un día entiendas lo que haces.
Se transforma cuando haces lo contrario de lo que tu impulso quiere.
Cuando te quedas aunque duela.
O te vas aunque te parta.

Ahí sí.
Pero eso no lo venden en Instagram.

Tu pareja no va a cambiar si no quiere

Puedes explicárselo todo.
Mandarle vídeos, artículos, frases.
Puedes llorar, pedir, esperar.

Pero si no quiere mirar, no va a mirar.
Y si no quiere cambiar, no va a cambiar.

Aunque te diga que sí.
Aunque prometa que lo está intentando.

Porque una cosa es decir “tengo que cambiar”.
Y otra muy distinta es hacerlo cuando le toca sentir incomodidad.
Cuando tiene que quedarse en vez de huir.
O ceder cuando quiere ganar.

Ahí se ve si va en serio.

Lo demás son formas de calmarte para que no lo dejes.

No puedes hacer el trabajo de dos.
No puedes empujar a quien no quiere moverse.
Y no puedes quedarte esperando a que despierte.

Tu pareja no va a cambiar por amor a ti.
Solo cambia quien no puede seguir igual consigo mismo.

Y mientras esperas que el otro cambie…
¿estás tú haciendo algo distinto?

¿Y tú? ¿Estás cambiando… o repitiendo con mejores palabras?

Es fácil ver lo que el otro no hace.
Lo difícil es mirarte a ti.

Decir que cambiaste porque ahora sabes poner límites…
pero sigues eligiendo a quien no quiere verte.
Decir que evolucionaste porque ya no explotas…
pero ahora te tragas todo hasta desaparecer.

Eso no es cambio.
Es decoración emocional.

Si de verdad estás cambiando,
se nota en tus decisiones, no en tus discursos.

Se nota en que dejas a quien no te cuida.
O te quedas sin exigir que el otro te salve.
Se nota en que eliges desde la verdad, no desde el miedo.

Y si no está pasando, entonces no estás cambiando.
Solo estás aprendiendo a justificar lo mismo de otra forma.

Si decides moverte, esto es lo que hago.

tres semanas de presencia

Hay un tramo:
tres semanas intensas.
Tres sesiones sin reloj.
Y presencia continua entre ellas.
Estoy ahí cuando pasa lo importante,
y no solo en la sesión.

Este tramo es para una cosa:
salir del punto donde llevas tiempo atrapado.
En pareja o solo.
Relaciones que duelen.
Rupturas que no se cierran.
Decisiones que aplazas.
Patrones que vuelven.

Si estás en ese punto, entra:

Tres Semanas de Presencia

Lo que encontrarás en esta sección

Cambiar no es entender más.
Es dejar de justificar lo que ya no te representa.
Y empezar a actuar distinto. Aunque incomode.

Estos son los artículos que te pueden ayudar si ya sabes lo que te pasa… pero no sabes cómo salir:

Sostener lo que construyes

Transformar tu estilo de apego


DECIDIR · Formas de moverse

El tramo donde las cosas cambian de sitio.

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